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Buenas tardes a todas y a todos.
Me uno a los saludos protocolares expresados por la maestra de ceremonias.
Señora Clarissa de la Rocha, señor Ervin Novas, Aileen Guzmán: es un placer contar con su presencia en esta ocasión tan importante para nosotros.
Gabriela, mi esposa, y demás miembros de la familia que están aquí hoy: muchas gracias por su compañía y apoyo.
También dirijo un saludo especial a todos mis compañeros de la SB aquí presentes y a quienes están conectados través de Teams.
Estar frente a ustedes como superintendente me llena de orgullo y satisfacción. Hoy asumo una tarea que me honra profundamente y que abrazo con entusiasmo, consciente de los retos por delante, pero también de la fortaleza del equipo y de la institución.
Como saben, el presidente Luis Abinader me ha confiado la responsabilidad de dirigir la Superintendencia de Bancos. En nuestra conversación, sostenida durante el fin de semana, me transmitió su interés en que sigamos avanzando con la visión estratégica que ha impulsado la transformación de estos años, y me expresó una altísima valoración de esta superintendencia: la reconoce como una entidad técnica, moderna, innovadora y comprometida con el fortalecimiento del sistema financiero nacional. Le expresé mi agradecimiento por la confianza depositada en nosotros y le reiteré nuestro compromiso de estar a la altura de ella.
Ese reconocimiento refleja el trabajo coordinado, la dedicación y el talento con que cada integrante de este equipo aporta día tras día.
A propósito de eso, les comparto que, inmediatamente después de ese encuentro, llamé a Alejandro Fernández W. Él solía expresar su deseo de que, algún día, uno de nosotros asumiera la dirección de la institución y le hiciera esa feliz llamada. El día llegó más rápido de lo que muchos esperábamos, y ha sido un privilegio para mí haber sido quien marcara su número. Pero la llamada no fue mía: fue de todos nosotros. Era la confirmación de que lo que construimos aquí no dependía de una persona, sino de un equipo capaz de sostenerlo y de llevarlo más lejos.
Por eso, más que nada, quiero transmitirles un mensaje de continuidad y de confianza. Esta designación es un reconocimiento al trabajo realizado durante estos últimos seis años y a los resultados que hemos forjado.
Pero voy a decirlo con toda claridad: continuidad no es quietud. Continuar no es repetir: es profundizar y llevar más lejos lo que ya funciona.
Y precisamente por eso quiero aprovechar este discurso inaugural para reiterar una idea que considero fundamental. Si hoy la Superintendencia de Bancos es reconocida por la sociedad; si contamos con el respaldo del presidente de la República y de la vicepresidenta; si la banca respeta el rol que desempeñamos; y si los usuarios y las usuarias de servicios financieros reconocen el valor que aportamos, ese reconocimiento no debe hacernos bajar la guardia. Todo lo contrario: debe impulsarnos a elevar aún más nuestro nivel de compromiso.
Las instituciones no solo enfrentan riesgos cuando se apartan de su misión. También pueden debilitarse cuando, después de alcanzar resultados importantes, asumen que estos se sostendrán por sí solos. Las pequeñas desviaciones, la pérdida de rigor o la aceptación gradual de estándares menos exigentes rara vez producen efectos inmediatos. Sin embargo, con el tiempo, erosionan silenciosamente lo que tanto costó construir.
Existe una conocida idea de la economía conductual que sostiene que las pérdidas pesan más que las ganancias, aun cuando ambas tengan la misma magnitud. En otras palabras, perder algo valioso genera un impacto mucho mayor que la satisfacción que produjo alcanzarlo. Por eso debemos cuidar con especial esmero todo lo que hemos construido durante estos años. Si hemos avanzado en credibilidad, independencia técnica, fortaleza institucional y confianza pública, cualquier retroceso tendría un costo proporcionalmente mayor.
Estoy convencido de que eso no ocurrirá. No ocurrirá porque las autoridades de la República, teniendo múltiples alternativas, han depositado nuevamente su confianza en este equipo para que continúe desempeñando su labor con independencia, criterio técnico y prudencia. Esa confianza nos honra, pero también nos obliga.
Quiero evocar unas palabras de don Julio Sánchez Maríñez, ofrecidas durante la septuagésima graduación de INTEC, el pasado 26 de abril de 2025. Ya estaba muy afectado de salud, pero hizo llegar su mensaje a través de la vicerrectora Alliet Ortega. El país estaba en medio de una profunda reflexión sobre las lecciones que dejan las tragedias colectivas, a propósito de la que tuvo lugar en aquel reconocido centro de entretenimiento nocturno. El rector advirtió sobre los riesgos de la apatía y la normalización de las pequeñas fallas con más o menos estas palabras:
“No ha sido solo el techo. Nos han aplastado años de acumulación de prácticas de dejadez y de incumplimiento que han ido conformando una cultura de tolerancia y desnudez ante el riesgo. (…) Y mientras no ataquemos a fondo esa cultura, seguirán cayendo techos, seguiremos teniendo tragedias”.
Cierro la cita.
La enseñanza detrás de ese mensaje trasciende cualquier circunstancia particular. Las instituciones no colapsan de un día para otro. Se deterioran gradualmente cuando se normaliza la indiferencia frente a los riesgos, cuando se tolera lo que antes parecía inaceptable o cuando la excelencia cede espacio a la complacencia.
Compañeras y compañeros de la Superintendencia de Bancos: nosotros somos responsables de que no se agriete el techo institucional que juntos hemos construido durante estos años. Somos responsables de preservar la credibilidad de esta superintendencia y de proteger la estabilidad financiera en que se desarrollan las actividades económicas de millones de dominicanos y dominicanas, de personas, familias, empresas y mipymes.
No podemos permitir que la complacencia erosione lo que tanto esfuerzo nos ha costado alcanzar. No podemos permitir que se cuestione la calidad de nuestra supervisión, ni que se debilite la confianza que la sociedad ha depositado en nosotros. Porque las instituciones no solo fracasan cuando cambian de rumbo por malas decisiones; también pueden fracasar cuando, confiadas en sus éxitos, dejan de cuidar aquello que las hizo exitosas.
Por eso el compromiso no disminuye en esta nueva etapa. Aumenta. Y no me queda la menor duda de que así será, porque conozco el nivel de identificación, profesionalidad y entrega con que este equipo asume cada día su trabajo.
La excelencia, la profesionalidad y la vocación de servicio que nos caracterizan han sido el motor de esta transformación institucional. Hemos demostrado que es posible impulsar cambios materiales, elevar los estándares de supervisión, fortalecer la protección de los usuarios y las usuarias, modernizar nuestros procesos y posicionar a la Superintendencia como un referente a nivel nacional e internacional. Esa fortaleza es nuestro mayor activo y será el cimiento sobre el que se edifica esta nueva etapa.
En el mercado que supervisamos, también la base es buena. Tenemos un sistema financiero robusto: bien capitalizado, con niveles de solvencia holgadamente superiores al mínimo regulatorio y una supervisión que ha ganado madurez técnica de manera sostenida. Preservar esa estabilidad es lo primero que nos toca. Pero no es lo único. Nuestro Plan Estratégico Institucional 2025-2028 ya nos marca con claridad dónde concentrarnos. De todo lo que contiene, quiero detenerme hoy en cuatro prioridades:
Primero, profundizar el crédito productivo y avanzar hacia una inclusión financiera más efectiva. El desafío de esta nueva etapa no consiste únicamente en crear nuevos instrumentos de inclusión, sino en lograr que los ya disponibles sean más conocidos, ofrecidos activamente por las entidades y utilizados de manera efectiva por quienes más los necesitan.
Segundo, seguir fortaleciendo la protección de los usuarios y las usuarias de servicios financieros, promoviendo relaciones más transparentes entre las entidades y sus clientes, y dando especial atención al fraude digital, que es hoy uno de los desafíos más apremiantes para los supervisores de todo el mundo. La confianza de los usuarios debe seguir siendo uno de los activos más importantes del sistema financiero nacional.
Tercero, acompañar la transformación tecnológica del sector. Estamos hablando de ciberseguridad, resiliencia operativa, gobernanza de datos, inteligencia artificial, entre otros. Desde nuestro rol, nos corresponde facilitar la innovación sin comprometer la estabilidad.
Y cuarto, estamos llamados a avanzar en la convergencia con los estándares internacionales de supervisión y regulación financiera. Para ello, continuaremos la ruta trazada hacia Basilea, la aplicación de tecnología especializada a los procesos de supervisión (suptech) y la preparación para la evaluación mutua del GAFILAT en 2028.
Cuatro frentes exigentes. Ninguno se atiende fácil ni por sí solo. Van a requerir coordinación, enfoque y persistencia de todos nosotros.
Y eso es precisamente lo que vamos a ofrecer.
El martes pasado, al levantar mi mano derecha para ser juramentado, me comprometí a desempeñar esta posición con espíritu de servicio, apego a las normas y un auténtico sentimiento de respeto por la posición que ocupo, por la institución y por la República Dominicana. Me comprometí a seguir impulsando la transformación que nos consolida como referentes, honrando los deberes que me atañen como superintendente de Bancos.
Pero estoy consciente de que ese, más que mío, es nuestro compromiso.
Yo cuento con ustedes, ustedes cuentan conmigo, el país cuenta con nosotros.
No puedo dejar pasar esta ocasión sin agradecer el apoyo del Banco Central, especialmente en la persona del gobernador Héctor Valdez Albizu, y del ministro de Hacienda, Magín Díaz, por su permanente disposición al trabajo coordinado a favor del fortalecimiento de nuestro sistema financiero. Asimismo, deseo expresar mi reconocimiento al superintendente Alejandro Fernández W., cuyo liderazgo y visión contribuyeron decisivamente a los avances que podemos exhibir.
Esta misión no está concluida. Mientras haya espacio para aumentar el valor que aportamos a la sociedad, seguiremos abrazando los desafíos con entusiasmo y responsabilidad. Estoy seguro de que, en esta nueva etapa, tendremos logros memorables y muchas razones para sentir orgullo y satisfacción. Empezando por la celebración de nuestro aniversario número 80, que consistirá en una nutrida agenda de actividades que socializaremos más adelante. Como dicen los jóvenes: no le vamos a bajar.
Por hoy, deseo cerrar resumiendo estas palabras en unas pocas, pero muy importantes: mi designación es un reconocimiento al trabajo que realizamos en equipo. El trabajo que realizamos juntos nos trajo hasta aquí; hoy nos toca llevarlo más lejos haciendo lo que mejor sabemos hacer: aportar confianza, agregar valor y servir con compromiso e integridad.
Abrimos un ciclo nuevo, pero con la misma pasión y el mismo propósito, al servicio del país.
Muchas gracias.